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La rosa es tan evidente que, por eso, constituye un misterio. La rosa es la desnudez de las flores. Todas, menos ella, desde la barroca orquídea a la "humilde violeta", apa recen emperifolladas, maquilladas. Desde su origen silvestre hasta su apariencia actual, más rica en pétalos y en tonos, no ha perdido su pureza y su perfección. "No le toques ya más, que así es la rosa", escribió Juan Ramón Jiménez refiriéndose al poema, exigiéndole perfección, estado en que nada falta ni sobra. Leandro Navarro ha concebido la idea feliz de reunir a un racimo de artistas cuyo tema es el antiquísimo y futurísimo motivo creado de la rosa. Es como elegir desnudos florales, en este caso de diversos creadores. Y es en estos temas únicos donde se ve y se palpa la personalidad de sus autores. Saltando hacia atrás ¿quién puede confundir un desnudo de Tiziano con otro de Velázquez, o de Goya o de Modigliani? ¿O una rosa de un barroco con otra de Cézane o de Matisse, o del penúltimo hiperrealista? Las cosas no son lo que son, sino lo que cada uno ve en ellas. Así que ahora nos aso- mamos a un jardín cultivado por diferentes jardineros y botánicos. No veamos en ellos intenciones, sino puntos de vista diferentes. Vemos, en primer término rosas, pero a poco que acomodemos la mirada, vemos autorre tratos. La rosa pone el nombre, y el artista el apellido, y es esto lo que importa en arte. Y constatamos que no hay temas que se agoten al ser tratados, sino maneras de tratar los, que son inagotables. Por eso estamos ante una exposición de autorretratos, travestidos en rosas. JOSÉ HIERRO
Finaliza un año en un mundo conflictivo y con él se clausura un siglo en el que persistieron el dolor, la injusticia y la desigualdad. Comienza un nuevo año y asistimos al inicio de un siglo al que debemos recibir esperanzados. Por ello, queremos recibirle con rosas. Esa maravillosa flor que siempre va acompañada de los mejores deseos. Un extraordinario conjunto de artistas de esta época ha querido colaborar con nosotros en esta idea y nos han facilitado sus diversas y variadas interpretaciones, con una mirada personal de esta emblemático flor. Artistas de todos los tiempos dejaron constancia en obras maestras de su predilección por esta planta que vence las espinas con belleza. Y en todas las épocas los más eximios poetas exaltaron a la reina del color y del aroma. En el siglo XV, Memling representaba a María Santísima con el niño, en un campo cuajado de rosas blancas y rojas, mientras que un autor anónimo escribía: Rosa fresca, rosa fresca Un siglo después el Maestro de Francfort colocaba una sola rosa en la dulce mano de la Virgen, en un famoso tríptico y Francisco de Rioja recitaba: Pura, encendida rosa, En el siglo XVII, en pleno siglo de oro español, el gran dramaturgo Pedro Calderón de la Barca escribía: Al florecer las rosas, madrugaron Pedro Pablo Rubens inmortalizaba a las tres exuberantes gracias, colocando sobre ellas una guirnalda de rosas. En el siglo XVIII, el Rey Carlos III que tan importante sería para Madrid, era retratado aún niño por Jean Ranc en un salón palaciego, ante un libro abierto y entre sus páginas unas bellas rosas. Mientras el poeta José Cadalso canta a Venus: "Alzo los ojos al verter el vaso
Jean Luis Meissonier, pintor del siglo XIX retrata a la Marquesa de Manzanedo entre ricas alfombras y tapices y sólo suaviza el exceso de ropajes con una pequeña rosa blanca que pervive en un delicado vaso de cristal. José Martí nos lega estos bellos versos: "Cultivo una rosa blanca, En este siglo que acaba, hasta pintores de la España negra, sucumben ante el encanto de estas flores y no resisten la tentación de retener su belleza fugaz, con sus pinceles. José Gutierrez-Solana pinta un búcaro de rosas blancas y un vaso de rosas rosas que son, tal vez, las únicas flores a las que presta su atención. El poeta Miguel Hemández relaciona la flor con el nombre femenino en estos sentidos versos: Propia de rosas en tu piel de rosa Llegamos al final de 1999, pone término el siglo XX que da paso firme al año 2000 y entrada abierta al siglo XXI. ¿Qué‚ ocurrirá a partir de ahora? ¿Cómo se expresarán las nuevas generaciones de poetas? ¿Y los artistas plásticos? ¿Por donde conducirán el arte novedero? Pero rosas, afortunadamente, seguirá habiendo rosas. Nuestra gratitud a cuantos han participado en esta exposición, dándonos una versión individualizada y personal de cómo sus diferentes sensibilidades, vibran ante la perdura- ble y a la vez efímera belleza de la rosa. Es el deseo de todos de recibir al nuevo e importante año de la mejor de las formas posibles y también con sinceros deseos de paz y comprensión entre los seres humanos. Quitemos pues las espinas y dejemos tan sólo las rosas para el 2000. LEANDRO NAVARRO
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© LEANDRO NAVARRO
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